Santiago, que aún no podía creer todo lo que Mariela le había contado, le preguntó con una gran tristeza, evidente en su voz:
—Dime que todo lo que me has dicho es mentira.
Ella respondió:
—Me gustaría que lo fuera, pero es la verdad. ¿Por qué no vas y le preguntas tú mismo a tu hermana? Supongo que, a estas alturas, ya no será capaz de mentirte más sobre este tema.
Santiago le hizo caso y se fue a toda prisa hasta donde estaba su hermana.
Por su parte, Mariela no entendía por qué se había sent