Después de un rato, habían llegado al cementerio. Mariana se detuvo en seco al ver la foto en la lápida. Y su rostro se llenó de asombro. Era idéntico al de su esposo.
—No pensé que fueran tan parecidos... —murmuró ella con la voz entrecortada y sin apartar la mirada de la imagen.
Felipe suspiró, luego le dijo:
—Creo que olvidé mencionártelo... que éramos gemelos idénticos.
Mariana asintió lentamente, procesando aquella revelación. Finalmente, rompió el silencio y con un tono más suave pero car