CAPÍTULO 8: PROMESA.
CAPÍTULO 8: PROMESA.
Julieta se inclinó hacia la cama, y su voz fue suave y tranquilizadora.
—No hagas esfuerzo, papá.
Don Salvatore yacía allí, con el rostro pálido y la respiración entrecortada, un hombre luchando por mantenerse aferrado a la vida. Cuando ella le tomó la mano, él se humedeció los labios y susurró con esfuerzo.
—¿Natalia… está bien?
Ella sintió un nudo en el estómago, y su mente trató de hallar una respuesta. Balbuceó un momento, pero finalmente le mintió, obligándose a decirlo