Todo el camino al trabajo fueron risas y risas, llegaron al estacionamiento, dejaron el auto en su lugar y se subieron al ascensor, cuando se abrieron las puertas y vieron a Mateo, comenzó la algarabía en la oficina, lo querían todos, era bien llevado con todos.
—¡Buenos días, mis amores bellos!
—Buenos días, joven Mateo
—¿Cómo ha estado joven Mateo?
—¡Qué guapo señor Mateo!
—Gracias, amores ustedes siempre, ¡amables y lindos conmigo!
Hadrien se quedó parado mientras su primo entraba a la