Llego al otro día contento a su oficina le llegaba el olor a café recién hecho, se quedó parado en medio camino, sus empleados lo miraban que tenía cerrados los ojos aspirando el aroma a café, sonreían todos de verlo, era un poema y ya se estaban dando cuenta por quién lo hacía, porque desde que llego Arlenn ahora es más alegre que antes y no lo disimula, casi al llegar a la puerta Arlenn salía y al verlo dijo.
—Buenos días, mi jefe guapetón —Y Él le respondió
—Buenos días, Arlenn — y delante de