175. CASA DE FANTASÍA CONTINUACIÓN
Me quedo en silencio, mirándolo como si lo viera por primera vez. Por mucho que confiara en Iris, jamás iba a dejar a mis bebés solos con ella. Le tomé el rostro con mis manos, haciendo que me mirara fijamente.
—Robin, amor, me gusta mucho Iris para mí. ¿Entiendes? —pregunté, muy seria. —Que ella se ocupe de la casa lo acepto, pero no dejaré a mis bebés en manos de un robot. Lo siento, Iris; no te ofendas.
—No me ofendo, Ema —dice Iris desde su lugar.
Robin no dice nada; me besa los labios,