175. CASA DE FANTASÍA CONTINUACIÓN
Me quedo en silencio, mirándolo como si lo viera por primera vez. Por mucho que confiara en Iris, jamás iba a dejar a mis bebés solos con ella. Le tomé el rostro con mis manos, haciendo que me mirara fijamente.
—Robin, amor, me gusta mucho Iris para mí. ¿Entiendes? —pregunté, muy seria. —Que ella se ocupe de la casa lo acepto, pero no dejaré a mis bebés en manos de un robot. Lo siento, Iris; no te ofendas.
—No me ofendo, Ema —dice Iris desde su lugar.
Robin no dice nada; me besa los labios, me gira por los hombros y me obliga a salir de la habitación central de los bebés, mientras me señala las otras. Las de las mellizas están donde siempre, junto a las de las abuelas. Me asombro de lo grande que ha hecho la casa. Mi dormitorio, que me dijo que no iba a tocar, al final lo modernizó por completo.
—¿Estás cansada? Está bien por ahora; ahora vamos al jardín —me pide con cariño al ver cómo me sujetaba el vientre. —Es mucho, pero mucho más grande que el jardín de abajo, pero posee to