Mis ojos muy abiertos miran hacia el asiento delantero y luego hacia el espejo retrovisor. Law se ríe a mi lado.
—Te ves impresionante—, me felicita y yo lo miro con los ojos entrecerrados. —Incluso cuando estás enojada—.
Miro por la ventana, lejos de él. Pero puedo sentirlo acercarse. Me alejo. Él, más cerca. Yo, lejos, hasta que estoy contra la puerta, y él está contra mí.
—¿Vas a quedarte enojado toda la noche?— me susurra al oído.
—Tal vez.— Es una maldita mentira porque ya puedo sentir que