—¡Ja! ¡Uno!— exclamo.
—Ahora estoy seguro de que estás haciendo trampa—. Chary gime. —Probablemente ni siquiera estés barajando las cartas—.
Me río disimuladamente. —Treinta años y todavía soy un mal perdedor. Ahora juega tu carta para que pueda vencerte por tercera vez—.
Ella entrecierra los ojos ante su mano de cartas y luego me mira por encima de ellas. Muevo mis cejas antes de que su boca se curva en una sonrisa. —Toma eso—.
Ella pone un comodín.
—Está bien. ¿Cuál es el color?—
—Roj... no.