Emilio tenía la mirada gris encendida, acostumbrado a que sus órdenes eran leyes y sus deseos cumplidos casi al instante, le era difícil lidiar con esa mujer rebelde y obstinada
Alejandrina hasta entonces cayó en cuenta del camino que dejó su sangre cuándo corrió al baño, no se había percatado en el momento por el incómodo malestar, parecía una escena de algún crímen
La bella mujer volteó a ver al molesto hombre, lo siento dijo en un tierno puchero y unos ojitos de borrego a medio morir
A Emili