—¿Qué? —Caroline siente su corazón palpitar a velocidad.
—¡Eso es excelente! —sonríe y sus ojos se tornan llorosos.
—Es lo único que sé. Debo colgar. Cuidate mucho, mujer.
—Gracias, Bastián. Eres muy amable.
Caroline mira a Angela.
—¿Puedo saber lo que te pasa?
—Lisandro ha despertado...
—¡Eso es grandioso!
—Sí, ahora mis hijos estarán tranquilos.
—¿Qué hacen hablando? —aparece Berenice. —¡Muevete a servir la cena, Angela! Y tú —señala a Caroline— prepara la mesa, pero ya— Le ordena, y Caroline