Caroline siente adrenalina; aún puede sentir en sus manos el cabello de Berenice y, por tal razón, se sacude. La mira con furor y siente la necesidad de golpearla más, ya que esa señora no merece misericordia. Sin embargo, está a la expectativa de lo que diga el señor Octavio Caristeas, y aunque él se ponga en su contra, seguirá su plan al pie de la letra con tal de que Berenice pague por sus delitos.
—¡Te juro, Caroline, que cada golpe que me has dado será el triple de dolor para tí!— La señor