Capítulo 307. Ayudar no es perdonar.
Maximiliano Delacroix
Después de la llegada de Adrián y de felicitar a Pandora, me fui a hablar con él en mi despacho, estábamos conversando cuando entró la llamada. El nombre que apareció en pantalla me hizo fruncir el ceño.
Lis Velasco. La madre de Luciana.
No me llamaba nunca. Nunca. Era una mujer demasiado orgullosa, que se creía superior a los demás. Por eso le sorprendió verla llamándolo.
Esperé varios repiques y contesté.
—Aquí Maximiliano Delacroix —dije.
Silencio.
Un silencio largo. Demasiado largo.
Escuché una respiración irregular al otro lado. No llanto. No, todavía.
—Señor Delacroix… por favor, —dijo al fin—. Necesito que escuche sin interrumpirme y sin cortarme.
Enderecé la espalda; no sé a ciencia cierta de qué se trataba, pero decidí escucharla.
—La escucho.
Otro silencio. Luego, la voz quebrada, apenas sostenida por algo que sonaba a orgullo viejo.
—A mi hija… le hicieron daño en la cárcel.
No pregunté qué. Cuando una madre llama así, no se pregunta. Se prepara.
—¿Est