Capítulo 307. Ayudar no es perdonar.
Maximiliano Delacroix
Después de la llegada de Adrián y de felicitar a Pandora, me fui a hablar con él en mi despacho, estábamos conversando cuando entró la llamada. El nombre que apareció en pantalla me hizo fruncir el ceño.
Lis Velasco. La madre de Luciana.
No me llamaba nunca. Nunca. Era una mujer demasiado orgullosa, que se creía superior a los demás. Por eso le sorprendió verla llamándolo.
Esperé varios repiques y contesté.
—Aquí Maximiliano Delacroix —dije.
Silencio.
Un silencio largo. De