Por fin levantó la vista del móvil y fijó en ella su mirada perezosa, observando cómo ella fruncía el ceño con asco.
"¿Qué quieres decir con 'puedes irte'?" repitió ella, mirándolo con ira. "No necesito tu permiso para ir a donde me dé la gana."
"Y, sin embargo, me lo has dicho dos veces. La primera vez que no te respondí, deberías haberte levantado y marchado como la Dama de Hierro que eres. ¿Por qué tuviste que decírmelo dos veces si no es mi permiso lo que buscas? Y deja de hacer eso con la