Estaba hablando sola.
Entonces, ¿por qué este desconocido siquiera pensó que era bienvenido aquí, cerca de ella?
“Princesa bonita, ¿hola? Te estoy hablando,” insistió.
Valeria suspiró con fuerza.
Abrió los ojos y se giró para enfrentarlo con el vaso de vodka alzado entre sus pechos.
Sus ojos se abrieron un poco más y presionó los labios en una fina línea para no soltar una carcajada. El hombre frente a ella sonrió, mostrando sus dientes amarillos y torcidos.
Sus dientes no eran lo gracioso; era