NO NECESITAS DECIRLO.
Alana pensó que el trayecto los llevaría a la mansión de Ángelo, pero el auto giró en dirección contraria, alejándose de la ruta familiar. Había sido demasiado estúpida en darle este aviso, pero creía que ya no había más que decir entre ellos, y no era tonta. Miró a Ángelo de reojo, pero él permanecía en silencio, con una mirada penetrante mientras respondía a su teléfono.
No sabía con quién hablaba, pero como siempre, daba instrucciones y órdenes.
El coche se detuvo frent