65. La dicha de una nueva vida
En medio del pasillo a la salida de ésta reclusión de mujeres, Azucena llora en silencio, alejándose de Rafael con tal de tener un momento. Rafael la busca otra vez, abrazando su cintura, permitiéndole descansar la cabeza en su pecho. Azucena solloza en voz baja, y la impotencia de Rafael todavía no acaba, por todo lo que su esposa tuvo que pasar, por lo que ambos tuvieron que pasar, en cuestión de segundos pudieron haberlo perdido todo para siempre.
—Estamos bien, mi vida —Rafael, para no perd