10. Su esposo: el señor Rafael
Sebastián sigue sin llegar en los próximos minutos, y Azucena, evitando a toda costa el lugar de Rafael, le queda aparentar normalidad. Nadie en el mundo salvo la mujer que está con él sabe la verdad. El destino no pudo ofrecer peor encuentro.
—¡Aquí estoy! Lo lamento tanto —la inesperada voz de Sebastián la saca de los pensamientos. Azucena le sonríe finalmente.
—¿Todo bien?
—Jamás descanso, o más bien, jamás me dejan descansar. Un problema de la clínica donde estaré estos días aquí en Nueva Y