Luego de que Damián estuviera ya listo y haya desayunado un poco, está en su oficina esperando a la detective impaciente.
—La detective ha llegado, jefe —informa Miguel.
—Déjala pasar —Damián acomoda su corbata y luego saca el sobre que tiene guardado bajo llave.
—¡Qué dicha volverlo a ver, señor Anderson\! —La mujer se acerca y sin pedir permiso toma asiento—. ¿Para qué soy buena? —pregunta con coquetería.
—Ahorra tu parte seductora conmigo, ¿estamos? —le aclara, y ella sonríe aún más.
—Eso hac