La puerta principal de la casa está abierta, esperando que yo entre.
Estaciono mi moto al lado del coche y me dirijo a la casa.
Encuentro a mi padre sentado en una silla de madera en el porche en la parte trasera mirando el reluciente lago. Él no aparta la mirada de la vista panorámica cuando salgo, pero una sonrisa curva las comisuras de su boca.
—Buenos días, hijo mío.
—Buen día.
—¿Todo bien en casa?
—Sí.
—¿Y tu mujer? —Él me mira ahora, pero no sé qué decir.
Ha sido diferente desde la boda.