Malú
Vincenzo llegó justo cuando me disponía a tumbarme en la cama. Me agarró de la cintura, haciéndome estremecer, pero rápidamente encontré la manera y saqué fuerzas del más allá para tumbarme de inmediato, cubriéndome con la sábana. De esa forma alejé al menos por unos instantes esa tentación del infierno que ese hombre representa para mí.
Ángel ya se había marchado, pues necesitaba prepararse para otra noche en esta prisión y yo me enfrentaba al peligro sin siquiera poder escapar. Bajo la