Viernes por la mañana
VINCENZO
El despertador sonó justo cuando mejor dormía. Casi lo cojo y lo tiro contra la pared de la rabia que sentía. No podía creer que fuera hora de levantarse. Parecía que no había dormido nada. De hecho, parecía como si hubiera cerrado los ojos, los hubiera vuelto a abrir y hubiera amanecido.
Lo único que quería era quedarme en la cama y dormir todo el día, e incluso así no sería suficiente para deshacerme del cansancio de mi cuerpo. Pero, por desgracia, no podía hace