CAPÍTULO 10. ¿Hasta dónde llega tu crueldad?
CAPÍTULO 10. ¿Hasta dónde llega tu crueldad?
—¿Nombre?... ¡Señorita!
La pregunta hizo que la muchacha levantara la cabeza, enfocándose de nuevo.
—¡Sí! ¡Lo siento! Lynett Evans.
La mujer volvió a teclear y negó rotundamente.
—Lo lamento, pero no podemos otorgarle una habitación en la residencia.
—Entiendo que debí solicitarla a inicio del curso pero…
—No es eso —la interrumpió la administradora—. El tiempo de la solicitud es lo de menos, simplemente no puedo darle un cuarto a alguien que no estu