Capítulo 28. Una tregua.
—En realidad salí de Roma después que hablamos, me mandó tu mamá, quería que averiguara quien era la tal Tamara Castelli, estaba demasiado preocupada, temía que fuera una mujer como tu ex.
—¿Y acaso le contaste lo que hablamos? ¿No puedes ocultarle nada a mi mamá? —inquirió molesto—, además, deberías recordarle a Gálata que crecí, no soy un niño, sino un hombre, para que anden persiguiéndome.
—Al parecer no fue mala idea, porque aquí estás detenidos por golpear a unos reporteros. Y claro que s