Liora
No sabía cuánto tiempo había pasado.
Las horas se mezclaban unas con otras hasta convertirse en una sola sensación interminable.
Calor.
Dolor.
Y Ronan.
Siempre Ronan.
Cada vez que abría los ojos, él seguía allí.
A veces sentado junto al nido.
Otras veces acariciándome el cabello.
En ocasiones simplemente observándome, como si quisiera asegurarse de que seguía respirando.
Nunca me había sentido cuidada de esa manera.
Ni siquiera recordaba la última vez que alguien había permanecido a mi la