Ronan
Liora tardó varios minutos en dejar de temblar.
La sostuve contra mi pecho hasta que su respiración dejó de romperse en pequeños sollozos. No intenté llenarla de preguntas. Algunas verdades llegaban como un cuchillo; insistir solo conseguía hundirlo más.
—Respira conmigo —murmuré.
Ella obedeció.
Inhaló.
Exhaló.
Otra vez.
Cuando levantó el rostro, sus ojos estaban hinchados por el llanto.
—No puede ser él...
No respondí de inmediato.
Tomé una manta del respaldo del sofá y la cubrí con ella