Ronan
Odiaba verla así.
No era la discusión.
Ni siquiera el hecho de que siguiera empeñada en acompañarnos.
Era la decepción silenciosa que había apagado el brillo de sus ojos.
Liora permanecía inmóvil frente al ventanal de mi despacho, observando el bosque sin verlo realmente. Selene estaba inquieta. Barack también. El vínculo entre nosotros vibraba con una tensión incómoda.
—No voy a cambiar de opinión hoy —dije al fin.
Ella cerró los ojos un instante.
—Lo sé.
Aquella respuesta dolió más que