Al ser amigos de tantos años, no les costaba leer entre líneas.
Aunque Miguel aparentaba diariamente no importarle Andrea, la realidad era que ella ocupaba un lugar especial en su corazón. Cualquier mención de ella le afectaba profundamente.
Pero siempre se mantenía terco y orgulloso.
Viendo que era imposible arreglar la situación con palabras, Mario y Dante cerraron prudentemente la boca.
La atención de Tadeo estaba completamente centrada en su teléfono, sin tiempo para lidiar con Miguel.
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