Andrea hablaba con los ojos enrojecidos, y en su rostro incluso apareció una sonrisa fría de autodesprecio.
—No temo hacer el ridículo contándoles a todos que lo que escuché fue a mi hijo diciéndome que no le gustaba tenerme como madre, que quería que esa mujer fuera su madre. Fue mi esposo diciéndome que no había traído comida para mí, que si quería comer algo, fuera yo misma a la cafetería. Fue mi suegra diciéndome que yo era una carga, que realmente debió haber estado ciega para dejarme entra