Andrea, feliz, se envolvió con la mantita mientras acariciaba la cabeza de Lina.
En contraste con la alegría que se respiraba allí, Juan estaba al otro lado con la cara roja de rabia.
El humor de Miguel tampoco era mejor. Padre e hijo se sentaron en sus lugares sin dirigirse la palabra.
Julieta, atrapada en medio, tuvo que hacer de mediadora.
— No pasa nada, solo es una competencia. Aún quedan muchas pruebas. Seguro que podemos recuperarnos.
Antes, en este tipo de eventos, Juan siempre había si