Capítulo 245
Apenas hacía tiempo que se había divorciado y ya había llegado a oídos de Salvador.

El dueño pronto trajo lo que habían pedido. Salvador colocó cortésmente los cubiertos frente a Andrea.

Andrea no se hizo de rogar y se metió un pincho de cordero en la boca.

Salvador, viéndola disfrutar la comida, sonrió y tomó uno también.

Mientras los dos conversaban y reían, comiendo con tanto gusto, Vicente llevaba tanto tiempo agachado que tenía las piernas entumecidas.

—Comida basura, ¿qué tiene de bueno?

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