Andrea estaba ya demasiado cansada para darles explicaciones. Se limitó a sonreír fríamente:
—Tienes razón, todo era fingido. Antes te amaba, así que estaba dispuesta a fingir. Ahora que vamos a divorciarnos, ya no tiene sentido seguir con la actuación.
Dicho esto, Andrea se giró para irse con Vicente.
Miguel, temblando de rabia, espetó:
—¡Eh! ¿Estás dispuesto a ser el plato de segunda mesa de una mujer divorciada con hijo?
Vicente comprendió que esas palabras iban dirigidas a él.
Andrea se detu