Miguel volvió a llamar a Luciana, pero siguió sin respuesta.Furioso, decidió ir directamente en coche al bar de Luciana.
Apenas entró, agarró del cuello al empleado y preguntó entre dientes:
— ¿Dónde está su jefa?
El empleado, temblando de miedo por su actitud, respondió:
— Nuestra jefa dijo que hoy tenía algo que hacer y no vendría.
Miguel apretó los dientes:
— Llámala por teléfono.
Ella no contestaba sus llamadas, pero no creía que ignorara el teléfono del trabajo.
El empleado pareció incómodo