Baltazar Licaon
Micaela no deja de mirarme, está nerviosa, puedo sentirlo, Pero mantengo mi boca cerrada.
—¿Puedes decirme por lo menos a dónde Vamos?
Está perdiendo la paciencia, Pero no pienso arruinar nada.
—Relajate, ya lo verás.
—Dijiste eso hace un par de horas, no tengo tanta paciencia y lo sabes — se cruza de brazos, ve hacia la ventana del helicóptero y arruga el entrecejo.
Muerdo mis labios inferior, a lo lejos veo nuestra isla, la guerra no causo daño alguno en ella, después de