Micaela Stevens
Mi cuerpo se remueve con un par de brazos tomando mi cintura, pero no me molesta, me acomodo pegándome más hacia el cuerpo dueño de estás extremidades, está calentito y se siente delicioso.
Se escuchan el canto de los pajaritos fuera y la luz solar entra por las pequeñas rendijas de entre la madera.
Es esa sensación de paz, de tranquilidad, de tenerlo todo, es una plenitud indescriptible, que hace no quiera abrir los ojos.
Solo quedarme allí, feliz.
—Deberíamos levantarnos