La lluvia caía sin piedad, y cada gota golpeaba el pavimento como si intentara lavarme de la culpa que me envolvía. Caminé hacia la sombra que se deslizaba entre los callejones, mi corazón acelerado, empujado por una mezcla de adrenalina y rabia. El aire estaba cargado de electricidad, y no sabía si se trataba de la tormenta o de la furia que burbujeaba dentro de mí.
La figura se detuvo al borde de la luz de una farola, y pude distinguir a un hombre, su rostro parcialmente cubierto por la capuc