—Busquemos a Gina. Una vez que la encontremos, podremos empezar a entrenar para mantener vivo a su lobo, al menos lo suficiente para que siga siendo considerado un hombre lobo y no sea enviado al mundo humano —explicó Ron, y yo asentí.
El resto del día fue igual. Deambulamos buscando a Gina.
Cada vez que los guerreros regresaban con las manos vacías y no había noticias, comencé a sentir que mi corazón se rompía poco a poco, para entonces regresamos a la cabaña, derrotados y solos.
—Está bien. P