—¿Qué miras? ¡Quítale el teléfono! —gritó Daemon a su guerrero, quien inmediatamente comenzó a acercarse a Yuvonne. Pero en el momento en que ella iluminó la pantalla para él, retrocedió.
—¡Te atreves! —exclamó Yuvonne, respirando con dificultad.
Estaba en camisón, con el cabello despeinado, como si hubiera salido en medio de un ataque de pánico. Sus manos temblaban, pero aun así sostenía el teléfono con firmeza.
—Si no quieren que nadie sepa la basura que son, aléjense de mi hermana —gritó, co