Su madre empezó a divagar, gritándole sobre muchas cosas y recordándole que tenía una manada en la que debería haber pensado antes de decidir actuar por su cuenta.
—No puedo entender qué te hizo pensar que estabas tomando la decisión correcta al elegir a esa perra en lugar de tu corona —gritó su madre. Su voz era tan fuerte que les di un suave golpecito en la espalda a mis hijas para pedirles que se fueran.
No me gustó cómo habló de mí, y sabía que a mis hijas también les molestaría.
—Muchas gr