Lo observé en silencio, con el rostro congelado por la sorpresa.
Pero la intensidad de su mirada me erizó el vello de la nuca.
-¿Cómo... cómo hiciste...?-hizo una pausa, frotándose la cara con las manos-. ¿Cómo sobreviviste?
Compasión era todo lo que podía oír en su voz, pero también había algo más, era culpa.
—Fui directo a los muelles donde estaban cargando la basura. —Murmuré, mencionando a aquellos que no tenían la basura del lobo, incluyéndome a mí—. Supongo que simplemente encajé —añadí q