El sol brilla con fuerza sobre nuestras cabezas mientras Alejandro y yo nos preparamos para el encuentro con sus padres. La brisa del mar es agradable, pero no lo suficiente como para calmar mi creciente ansiedad.
—¿Segura de que estás lista para esto? —pregunta Alejandro, con esa sonrisa confiada que tanto me irrita.
Me miro de arriba abajo, ajustando los tirantes de mi vestido floreado. Mi estómago se retuerce.
—Lista no es la palabra que usaría —murmuro—. Creo que en cualquier momento voy a