Era difícil para Rick ver a su luna tan asustada, habían pasado quince días desde que volvieron a la manada y ella ni siquiera había puesto un pie fuera de casa o mejor dicho, de la habitación que compartían. El lobo hojeó distraídamente los documentos frente a él antes de que las puertas de su oficina se abrieran, robándole la posibilidad de seguir pensando en Raquel.
— Así que estos son los vándalos — el alfa se puso en pie para acercarse a las cinco personas en su oficina — ¿Querían al alfa?