«Vámonos, vámonos de aquí»
Melissa escuchó los gemidos de su loba, sus uñas se alargaron mientras sus piernas temblaron haciéndola caer sobre el suelo y sintió el sudor correr por su espalda mientras el pánico más absoluto la hacía jadear. La oscura habitación que rodeaba a la chica pareció de repente iluminarse, los muebles cubiertos por una tela blanca fueron completamente descubiertos y la chica vio a una niña de unos seis años sonreír frente al inmenso espejo de aquella habitación colocado