Raquel se sintió demasiado avergonzada como para pensar en alguna otra cosa que no fuera jugar con su hija mientras estaban completamente solas en aquella casa. La loba sonrió mientras la niña cuidaba con demasiada delicadeza del pequeño gato que había encontrado. El cabello de color blanquecino manchado del animal lucía peculiarmente erizado en las puntas de sus orejas y sin duda alguna aquel no era un gato doméstico.
— Se va a llamar Chips — dijo la niña mirando a Raquel —. ¿Es un nombre boni