Pov Amaya
Me despierto lentamente y de nuevo estoy en una sala de hospital.
Miro a mi alrededor y allí, en una silla muy incómoda, está Cailín.
Recuerdo lo último que pasó y mi mirada van hacia las vendas que tengo en mis muñecas.
Quería que todo acabara, que el dolor acabara. No pensé en las personas a mi alrededor ni en aquellas que me importaban.
Cierro los ojos y suspiro de decepción hacia mí misma.
—¡Amaya, gracias a la Diosa despertaste!
Cailín me abraza fuerte y yo se lo regreso.