VICTORIA
El agua nos envuelve, fría y oscura. Morgana y yo nos enzarzamos en una lucha desesperada, nuestros cuerpos flotando como hojas a la deriva. Sus ojos me desafían, llenos de ira y celos. No puedo evitar pensar en Zarco, el hombre que nos ha atrapado en este torbellino de emociones.
—Morgana, tranquila—le digo.
Morgana me abofetea con fuerza, y mi mejilla arde. No puedo quedarme quieta. Le devuelvo el golpe, mis puños moviéndose con dificultad bajo el agua. Pero no puedo olvidar mi secre