VICTORIA
La loba Morgana se lanza hacia mí, y siento sus garras rozando mi piel. Pero antes de que pueda atacarme, Zarco se interpone valientemente. Sus brazos reciben el arañazo de la loba, y la sangre tiñe el agua.
—¡Zarco! —exclamo, horrorizada.
Él me sonríe débilmente, su mirada fija en Morgana. La loba retrocede, sorprendida por su sacrificio. Zarco cae de rodillas, su mano presionando la herida. No sé qué futuro nos espera, pero sé que lucharemos por nuestro amor y por nuestro destino ent