CONFESIONES.
VICTORIA
El motor del auto zumba como un latido constante mientras avanzamos por la carretera. La lluvia golpea el parabrisas, creando un ritmo hipnótico que me sumerge en mis pensamientos. Zarco está al volante, sus ojos fijos en la carretera, pero puedo sentir su mirada sobre mí. Es hora de decirle la verdad, de liberarme de este secreto que he guardado durante tanto tiempo.
Mis manos están inquietas, jugueteando con el dobladillo de mi falda. El silencio entre nosotros es pesado, como si las