—Tenemos un trato… No… No puedo negarme —dijo Adalet.
¡Alfa Zefor se echó a reír en ese instante!, una risa burlista que hizo eco en la zona de las aguas termales, una risa, que causó que la hembra frunciera el ceño.
—Te dije que tenías que ser una falsa Luna obediente, pero… No te estoy obligando a tener sexo, Luna —dijo ese macho con burla, mientras acercaba su rostro al cuello de Luna, olfateándola, lamiéndola como si fuera una rica presa recién cazada—. ¿Y si te diera permiso a rechazar