Bruce se levantó lentamente de la banca, acercándose a Zefor con cautela.
—Esa noche… ¿Cómo estaba Adi? ¿Cómo lograste salvar a mi hija? Sabes cuánto te agradezco por sacarla de ese infierno en los laboratorios mágicos.
—¿Esos? —preguntó Zefor, su tono mostrando un leve interés.
—Alfa, la busqué. Malcon me ayudó un tiempo. Encontré rastros de su pelaje de lobita, y de su sangre en los laboratorios, pero todo estaba destruido. Ella no estaba. Durante trece años recorrí cientos de lugares ha