Mientras la llevaban más cerca de la jaula, Luna Adalet continuó lanzándole maldiciones al Alfa, cada una más feroz que la anterior.
La jaula, una estructura de hierro con barrotes gruesos, esperaba por ella. El sonido de las ruedas chirriando contra el suelo resonaba en el aire.
El Alfa Zefor, aunque enojado, no podía evitar que su mente divagara hacia la magia púrpura de Adalet, su falsa Luna.
Recordaba cómo esa chispa de poder había brillado en la manada de Susurros Nocturnos, parecía m